Diego Delgado reviewed La península de las casas vacías by David Uclés
Terror premonitorio en la Península
5 stars
Nunca había sentido la Guerra Civil tan cercana como leyendo 'La península de las casas vacías'. Cercana en términos espaciales, geográficos, puesto que la novela me regaló una coincidencia maravillosa. En uno de sus capítulos se narran unos hechos ocurridos en el Palacio del Infantado de Guadalajara, y allí estaba yo, leyendo esas palabras a la sombra de un árbol precisamente situado en los jardines del Palacio del Infantado de Guadalajara. La experiencia fue preciosa y afianzó en mí esa percepción de proximidad que recorre toda la obra. La sangre de los cadáveres fluyó por este suelo.
Sin embargo, la sensación de cercanía que verdaderamente me atrapó -y aterrorizó- tiene que ver con otros dos planos: el temporal y el simbólico. Interrelacionados entre sí, la prosa de David Uclés los va tejiendo hasta evaporar toda duda acerca del impacto que seguimos arrastrando en una sociedad configurada, en gran parte, por …
Nunca había sentido la Guerra Civil tan cercana como leyendo 'La península de las casas vacías'. Cercana en términos espaciales, geográficos, puesto que la novela me regaló una coincidencia maravillosa. En uno de sus capítulos se narran unos hechos ocurridos en el Palacio del Infantado de Guadalajara, y allí estaba yo, leyendo esas palabras a la sombra de un árbol precisamente situado en los jardines del Palacio del Infantado de Guadalajara. La experiencia fue preciosa y afianzó en mí esa percepción de proximidad que recorre toda la obra. La sangre de los cadáveres fluyó por este suelo.
Sin embargo, la sensación de cercanía que verdaderamente me atrapó -y aterrorizó- tiene que ver con otros dos planos: el temporal y el simbólico. Interrelacionados entre sí, la prosa de David Uclés los va tejiendo hasta evaporar toda duda acerca del impacto que seguimos arrastrando en una sociedad configurada, en gran parte, por aquel trienio de matanzas e inhumanidad cuyos ecos reverberan hoy en todas las esquinas. Hace muy poco tiempo que ocurrió y nuestra forma de percibir e interpretar el mundo no se ha alejado apenas -o, quizá, ha vuelto a acercarse- de aquella que nos empujó a matarnos con una crueldad solo aprehensible desde el realismo mágico.
No podía evitar establecer paralelismos entre estructuras de sentimiento y dinámicas discursivas presentes en diálogos o monólogos internos de personajes de 'La península', y narrativas que escucho todos los días a mi alrededor. Leída desde ese prisma, la novela es una verdadera pesadilla. Salgo de ella con una suerte de miedo premonitorio que multiplica el peso de la preocupación que ya tenía por la deriva autoritaria del Estado español. Además, agradezco que Uclés sea meridianamente claro en su texto con respecto a la responsabilidad directa e ineludible de la ofensiva ultraderechista en el inicio de la Guerra Civil. Ambos bandos cometieron crímenes, pero ni lo hicieron con una intensidad equiparable -de un lado, personas violentas que aprovecharon la coyuntura para dar rienda suelta a sus pasiones más bajas; del otro, todo un aparato ideológico respaldando y animando a cometer un genocidio en nombre de Dios, la patria o el caudillo- ni se puede obviar que el conflicto no hubiera existido sin el golpe de Estado.
Los recursos estilísticos propios del realismo mágico están integrados con muy buen gusto y, en ocasiones, actúan como una suerte de refugio retórico frente a la crudeza con la que están relatados algunos episodios especialmente conmocionantes. Recuerdo verme sobrepasado hasta las lágrimas precisamente el día que estaba leyendo en los jardines del Infantado. Por la crueldad de la escena descrita por Uclés, sí, pero sobre todo sobrepasado por el pavor que me produjo pensar en todas las personas a mi alrededor que veo capaces de arrastrar al país a semejante majadería con tal de conservar algunos de sus privilegios.