HISTORIA de la revolución en mayúsculas
5 stars
Al igual que la válvula de una olla a presión o de una cafetera nos indica, en caso de que evacuen vapor de agua, que la presión interna del sistema está por encima de la resistencia de la de la válvula y nos indican, a la vez, una sobrepresión dentro, una revolución o una rebelión son indicadores de que un sistema social tiene una sobrepresión interna. En este volumen son siete los historiadores de élite a nivel europeo los que nos van a contar cinco de las rebeliones que marcaron la historia de esta península de Eurasia durante la alta Edad Moderna: Robert Forster, Lawrence Stone, Jack P. Greene, J. W. Smit. J. H. Elliot, Roland Mousnier y Marc Raef. ¿Cuales son esas cuatro revueltas y revolución más importantes de esta época histórica para estos autores?: la "Revolución de los Países Bajos", la “Revolución inglesa” o Gloriosa, las "revueltas contra la monarquía Española", la "Fronda" en Francia y la "Revolución de Pugachov” en la estepa europea.
J.W. Smit analiza la lucha de las Provincias Unidas por emanciparse del dominio de los Austrias durante los siglo XVI-XVII (desde 1568 a 1648) conocida como "Guerras de Independencia" o “Revolución de los Países Bajos”. Smit utiliza los conceptos de “precondiciones estructurales” y “precipitantes inmediatos” para distinguir aquellos factores últimos que determinaron la concurrencia de la revolución (en este caso, el descontento de la nobleza menor de las Provincias Unidas ante la centralización del poder de Madrid y la difusión del calvinismo como religión de oposición al catolicismo de la monarquía hispánica) de aquellos factores próximos (la chispa que enciende la mecha) que dieron lugar a la misma (como la imposición de la inquisición, medidas fiscales draconianas y represión llevada a cabo por el Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, Duque de Alba a través del “Tribunal de los tumultos” o, llamado en Países Bajos, “Consejo de Sangre”. La revolución presenta diversas paradojas: I) no fue un movimiento unitario sino que las dos provincias más poderosas a nivel económico (Holanda y Zelanda) tenían importantes tensiones entre ellas que no fueron explotadas por los Austrias y sí supo ser manejado por los rebeldes; II) La revolución empezó como una revolución de las élites de los Países Bajos contra las élites de la monarquía de los Austrias, pero rápidamente se convirtió en una revuelta generalizada que incorporó elementos de la burguesía (ya ampliamente desarrollada), de las élites locales y de otros estratos sociales, que acabó transformando las Provincias Unidas en una república independiente gobernada por estos Estados Generales tras la firma del tratado de Münster en 1640.
Lawrence Stone también utiliza los conceptos de “precondiciones estructurales” y “precipitantes inmediatos” para analizar cómo se produjo la “Revolución inglesa” que enfrentó a Carlos I con el Parlamento y que culminó con la ejecución del Rey en 1649. Las precondiciones identificadas por Stone son las siguientes: I) ascenso de la gentry, sobre todo de origen rural; II) el descontento del puritanismo ante los Estuardo. Y Stone identifica los siguientes precipitantes inmediatos: I) las subidas de impuestos y la presión fiscal estructural; II) la denominada “tiranía personal” que ejerció Carlos I entre 1629 y 1940 que le llevó a gobernar sin el parlamento; la rebelión escocesa que ocurrió paralelamene entre 1638 y 1640 y la convocatoria en 1940 del Parlamento Largo (convocatoria del Parlamento por parte de Carlos I en la cual sus miembros se negaron a su disolución).
La presión de las Provincias Unidas, y la desastrosa gobernanza de los Austrias, se hizo notar en el resto de reinos que componían la corona. John H. Elliott, analiza las tres grandes agitaciones que sacudieron la monarquía hispánica en la década de 1640: I) la separación de Portugal, II) la rebelión de Cataluña y III) las revueltas de Sicilia y Nápoles. Elliott sitúa los como factor precipitante próximo de estas revueltas las reformas llevadas a cabo por Conde-Duque de Olivares que pretendían que todos los reinos de la monarquía contribuyeran con soldados y dinero a la defensa del imperio (Unión de Armas, 1626). Se examinan las dinámicas específicas de cada revuelta. I) En Catalunya (Guerra dels Segadors, 1640-1652), la entrada de tropas castellanas para combatir a los franceses durante la Guerra de los Treinta Años desencadenó una insurrección generalizada que llevó a la proclamación de la República Catalana bajo protección francesa. II) En Portugal, la restauración de la independencia bajo Juan IV de Braganza (1640) fue un movimiento liderado por la nobleza y la alta burguesía. III) Las revueltas de Nápoles y Sicilia (ambas formaban parte del Reino de Aragón que había unido su estirpe monárquica a Castilla en 1469) tuvieron un carácter más popular y fueron protagonizadas por Masaniello en Nápoles (1647). Todas ellas fracasaron o se resolvieron solo parcialmente. Durante el siglo XVII hubieron una serie de revueltas que sacudieron Francia coincidiendo con la regencia de Ana de Austria y el cardenal Mazarino y la minoría de edad de Luis XIV. Ronald Mousnier analiza este periodo conocido como la Fronda (1648-1653). Mousnier interpreta la sociología medieval de la siguiente manera: existían tres órdenes (el clero, la nobleza y el tercer estado) cada uno con un nivel de privilegio y unas funciones y, cada uno de ellos, insertos en el orden natural y divino de las cosas. Mousnier no interpreta la Fronda como una revolución burgusa, si no como una reacción conservadora que buscaba mantener el orden natural. Distingue varias Frondas superpuestas: la Fronda parlamentaria (encabezada por los magistrados del Parlamento de París, que intentaron limitar el poder real), la Fronda de los príncipes (liderada por la alta nobleza, que perseguía intereses particulares y de facción) y las revueltas populares. Las precondiciones estructurales que identifica Mousnier son: la elevada presión fiscal derivada de la Guerra de los Treinta Años, el creciente poder del estado absoluto que amenazaba los privilegios tradicionales de la nobleza toga y de espada, y la impopularidad del ministro Mazarino (de origen italiano). La Fronda fracasó por su propia fragmentación: los diferentes grupos no lograron coordinar sus acciones ni articular un programa alternativo coherente, y Luis XIV extrajo la lección de la necesidad de un poder real fuerte e indiscutido: el absolutismo.
La última gran revolución de esta época la protagonizó Emelyan Pugachov entre 1773-1775, un cosaco que se hizo pasar por el zar Pedro III (esposo de Catalina la Grande y que había sido asesinado pocos años antes) y que galvanizó a los campesinos cosacos y a los pueblos no rusos del Volga y de los Urales en una revolución violenta que atacó a la nobleza terrateniente y al funcionariado imperial ruso. Marc Raeff identifica las siguientes precondiciones estructurales: I) la modernización llevada a cabo por Pedro III intensificó la explotación campesina a través de la introducción de mecanismos de mercado; II) Incremento leve de la industrialización, con elevada explotación laboral en los Urales; III) pérdida de autonomía cosaca. Estas precondiciones estructurales se toparon, además, con los siguientes precipitantes inmediatos: I) incremento de los reclutamientos militares forzosos, II) malas cosechas, III) la difusión de la idea de un “zar liberador” y la aparición de impostores que se hacían pasar por esa figura casi mítica. Durante los primeros meses de la revolución en 1773 Pugachov logró controlar bastos territorios. Sin embargo, el ejército regular de Catalina II la Grande se rehízo con facilidad y aplastó la revolución. Raeff también interpreta esta revolución como una reacción tradicionalista por su carácter nostálgico de un “zar salvador” y por la añoranza de un pasado servil. pero cómodo, donde el pacto feudal respetaba la comuna rural rusa (mir) como institución autónoma. La revolución llevó a Catalina a reforzar el control sobre la periferia rusa (abolió diversas autonomías regionales, incluida la cosaca) y a consolidar la alianza entre la corona y la nobleza. Raeff ve en Pugachov un trágico "prólogo" de la cultura revolucionaria rusa que culminaría en 1917.
