Álvaro G. Molinero reviewed Zulu by Carlos Roca
Para los muy cafeteros de la historia... aunque siempre está bien leer sobre como los buenos a veces ganan
1 star
Cuando las tremendas e increíbles noticias del desastre de Isandlwana alcanzaron el corazón del Imperio Británico, la sociedad victoriana no podía dar crédito a que unos “salvajes” hubieran aniquilado a buen número de tropas profesionales, que además pertenecían a uno de sus regimientos de infantería más legendarios. La entonces primera superpontecia mundial terminaría imponiéndose a costa de movilizar miles de hombres contra un pequeño país africano compuesto por 300 clanes y unas 300.000 almas, que bajo el nombre Zulú, llevaban unidos unos 60 años.
“Después de una batalla perdida, lo más terrible es una batalla ganada”.
Esta frase la podemos encontrar en el libro. Un amplio y pormenorizado repaso a uno de los enfrentamientos esenciales entre ejércitos coloniales y ejércitos nativos que marcó la era victoriana. Un miércoles, 22 de enero de 1879, el ejército zulú del rey Cetshwayo KaMpande (hijo de Mpande), le dio un repaso al ejército de …
Cuando las tremendas e increíbles noticias del desastre de Isandlwana alcanzaron el corazón del Imperio Británico, la sociedad victoriana no podía dar crédito a que unos “salvajes” hubieran aniquilado a buen número de tropas profesionales, que además pertenecían a uno de sus regimientos de infantería más legendarios. La entonces primera superpontecia mundial terminaría imponiéndose a costa de movilizar miles de hombres contra un pequeño país africano compuesto por 300 clanes y unas 300.000 almas, que bajo el nombre Zulú, llevaban unidos unos 60 años.
“Después de una batalla perdida, lo más terrible es una batalla ganada”.
Esta frase la podemos encontrar en el libro. Un amplio y pormenorizado repaso a uno de los enfrentamientos esenciales entre ejércitos coloniales y ejércitos nativos que marcó la era victoriana. Un miércoles, 22 de enero de 1879, el ejército zulú del rey Cetshwayo KaMpande (hijo de Mpande), le dio un repaso al ejército de la principal potencia colonial del momento, el Imperio Británico, demostrando que podían ser vencidas. Las consecuencias de dicho ejemplo no se hicieron esperar: ese mismo año estallaría la Primera Gran Guerra Boer con la proclamación de la independencia del Transvaal, y dos años más tarde, en 1881, El Mahdí, líder religioso, declaró la Guerra Santa para conseguir la independencia del Sudán, un asunto que los británicos tardaron 17 años en controlar y entre otras cosas le costó la vida a Gordon el Chino, defensor de Jartun.