Álvaro G. Molinero reviewed La tierra permanece by George R. Stewart (Booket)
Quizá una de las primeras novelas postapocalípticas en occidente
3 stars
"La Tierra permanece", publicada en 1949 por el filólogo y geógrafo George R. Stewart, es una de las novelas fundacionales del género postapocalíptico, aunque su enfoque la distancia de las convenciones del género que posteriormente ayudaría a inspirar. La novela parte de una premisa simple pero radical: ¿qué ocurriría si, en apenas unas semanas, una epidemia fatal acabase con la inmensa mayoría de la población humana? Esta pregunta en manos de Stewart no es en absoluto una cuestión banal o sensacionalista, sino pura filosofía aplicada. A través de la historia, el escritor americano expone sus principios éticos, su visión antropológica basada en el neo-darwinismo que había emergido con fuerza en las décadas anteriores, y un débil existencialismo filosófico que impregna las reflexiones del protagonista. La novela sigue a Isherwood Williams, un joven geógrafo al que una serpiente de cascabel muerde mientras realizaba trabajo de campo en las montañas de California. …
"La Tierra permanece", publicada en 1949 por el filólogo y geógrafo George R. Stewart, es una de las novelas fundacionales del género postapocalíptico, aunque su enfoque la distancia de las convenciones del género que posteriormente ayudaría a inspirar. La novela parte de una premisa simple pero radical: ¿qué ocurriría si, en apenas unas semanas, una epidemia fatal acabase con la inmensa mayoría de la población humana? Esta pregunta en manos de Stewart no es en absoluto una cuestión banal o sensacionalista, sino pura filosofía aplicada. A través de la historia, el escritor americano expone sus principios éticos, su visión antropológica basada en el neo-darwinismo que había emergido con fuerza en las décadas anteriores, y un débil existencialismo filosófico que impregna las reflexiones del protagonista. La novela sigue a Isherwood Williams, un joven geógrafo al que una serpiente de cascabel muerde mientras realizaba trabajo de campo en las montañas de California. Aislado durante su convalecencia en una cabaña remota, cuando logra regresar al mundo habitado descubre que una pandemia masiva, de origen desconocido y extremadamente contagiosa, ha aniquilado a la práctica totalidad de la humanidad. La primera parte del libro narra el viaje solitario de Ish, como se le conoce, a través de un Estados Unidos desierto, un periplo que le permite asimilar la magnitud del desastre. Finalmente, regresa a su hogar en el área de la bahía de San Francisco, donde comienza a reunir a un pequeño grupo de supervivientes. A partir de ese momento, la novela se transforma en una crónica generacional que abarca décadas, explorando los esfuerzos de esta minúscula comunidad por reconstruir una sociedad desde sus cimientos, el lento pero imparable desvanecimiento del conocimiento y las habilidades del mundo antiguo, y el modo en que la naturaleza, imperturbable, recupera rápidamente los espacios que el ser humano abandonó.
A través de la vida de Isherwood Williams, Stewart transmite sus interrogantes fundamentales: ¿cómo se reorganizará la nueva sociedad humana? ¿Cuáles serán sus virtudes y sus defectos? ¿Cómo actúa el ser humano en situaciones límite? El protagonista, en quien algunos lectores han querido ver un trasunto autobiográfico del autor, parece obsesionado por recuperar la civilización, por salvar la cultura heredada, por preservar lo que él entiende como el "genio humano" y la idea de progreso. Sin embargo, Stewart parece sugerir, quizá sin formularlo explícitamente, que nuevas realidades necesitan nuevas éticas y nuevas culturas, y que el empeño de Ish por restaurar el pasado puede ser tan estéril como quimérico.
La novela, escrita en 1949, es también un producto de su tiempo, y como tal refleja ciertas corrientes de pensamiento propias de la época. La obra se baña, en distintos momentos, en ideas relacionadas con la eugenesia, el machismo y la xenofobia que impregnaban cierto sector del pensamiento social y científico de mediados del siglo XX. También están presentes, de manera notable, dinámicas malthusianas en la forma en que la comunidad superviviente se relaciona con los recursos y con su propio crecimiento poblacional. Todo ello compone una visión particular de un futuro catastrófico que, desde una perspectiva contemporánea, podría ser leído como un falso ecologismo puesto al servicio de la ciencia-ficción. No obstante, y pese a estos lastres ideológicos, la novela parece intuir, con una clarividencia inquietante, algunos de los escenarios de colapso que la crítica ecologista y los escenarios prospectivos más serios barajan como futuros posibles para nuestra civilización. El título mismo, tomado del Eclesiastés —"los hombres van y vienen, pero la tierra permanece"—, encapsula el tema central de la fragilidad de las construcciones humanas frente a la permanencia del mundo natural, y sitúa la obra en una tradición reflexiva que trasciende los límites del género en que se inscribe.