Muy guay pero tiene argumentos sobre el género completamente errados
Este libro me ha impresionado mucho respecto a lo que relata, pero a su vez me ha decepcionado con algunas conclusiones que saca la autora. Como opinión personal, siento que el texto es epistemológicamente blanco y normativo. O, en palabras vulgares, siento que la autora es una feminista blanca. Y no me refiero al sentido identitario, sino al lugar desde el cual se articulan sus palabras. Esto no lo afirmo en el vacío, sino al ver argumentos sobre "el transactivismo" o "movimiento queer", o cómo habla del "sistema sexo-género" mientras parece desconocer lo que este concepto significa --en palabras de Rubin, la autora que lo acuñó: el sexo es un producto social-- ya que la autora lo lleva al terreno de que "siempre ha habido dos sexos (macho y hembra) y dos géneros (hombre y mujer)" Esto no sólo es erroneo sino una mentira como una catedral. A lo largo …
Este libro me ha impresionado mucho respecto a lo que relata, pero a su vez me ha decepcionado con algunas conclusiones que saca la autora. Como opinión personal, siento que el texto es epistemológicamente blanco y normativo. O, en palabras vulgares, siento que la autora es una feminista blanca. Y no me refiero al sentido identitario, sino al lugar desde el cual se articulan sus palabras. Esto no lo afirmo en el vacío, sino al ver argumentos sobre "el transactivismo" o "movimiento queer", o cómo habla del "sistema sexo-género" mientras parece desconocer lo que este concepto significa --en palabras de Rubin, la autora que lo acuñó: el sexo es un producto social-- ya que la autora lo lleva al terreno de que "siempre ha habido dos sexos (macho y hembra) y dos géneros (hombre y mujer)" Esto no sólo es erroneo sino una mentira como una catedral. A lo largo de la historia, el sexo-género binario (hombre-macho y mujer-hembra( ha sido más una excepción que una regla, y es algo que relatan autoras decoloniales a lo largo del globo: desde Lugones (2008) hablando de LaTam, Oyewùmi (1997) en África, Nandy (1981) en la India, o Mies (1986) quienes han desarrollado la creación del sistema binario de género y su relación con el capitalismo patriarcal y racial. En resumen, que si no me dan las uvas, estoy de acuerdo con muchos puntos del libro pero hay conclusiones que sólo puedo entender si asumo que la autora escribe desde una óptica occidental y universalizadora, la cual es irónicamente contraproducente con el libro en sí.