Los mitos sobre la peste negra en Europa
5 stars
Uno de los mitos más extendidos es su inicio: ¿dónde surgió la peste negra y cómo se propagó? Entorno al mito de su aparición y la forma en cómo se extendió, circulan otros pequeños mitos que hicieron posible crear el primero: cómo se transmite y qué forma de la enfermedad predominó, si la bubónica o la pneumónica, a qué velocidad avanza y cómo pudo alcanzar determinadas velocidades de expansión, por qué surge a modo de epidemia y no en forma de casos aislados, etc.
La peste negra surgió en la colonia veneciana de la peníncusla de Crimea de Caffa en 1346. Los mongoles estaban asediando la ciudad y la epidemia se declaró entre sus filas. Cuenta la leyenda que fueron capaces de lanzar cadáveres dentro de la ciudad sitiada para que éstos contagiaran a sus habitantes y, así, vencer más rápidamente un sitio que por culpa de la peste negra, …
Uno de los mitos más extendidos es su inicio: ¿dónde surgió la peste negra y cómo se propagó? Entorno al mito de su aparición y la forma en cómo se extendió, circulan otros pequeños mitos que hicieron posible crear el primero: cómo se transmite y qué forma de la enfermedad predominó, si la bubónica o la pneumónica, a qué velocidad avanza y cómo pudo alcanzar determinadas velocidades de expansión, por qué surge a modo de epidemia y no en forma de casos aislados, etc.
La peste negra surgió en la colonia veneciana de la peníncusla de Crimea de Caffa en 1346. Los mongoles estaban asediando la ciudad y la epidemia se declaró entre sus filas. Cuenta la leyenda que fueron capaces de lanzar cadáveres dentro de la ciudad sitiada para que éstos contagiaran a sus habitantes y, así, vencer más rápidamente un sitio que por culpa de la peste negra, estaba convirtiéndose en un infierno. Vamos a desmentir esta historia desmontando lo que he resumido como los 3 principales mitos sobre la peste negra y que son descritos de forma maravillosa, extensa y detallada en el libro.
¿Por qué no es posible que los cadáveres contagiaran a los habitantes de Caffa si los Mongoles los hubieran lanzado por encima de las murallas? Para que un ser humano sea invadido por la peste negra hace falta una cosa: que la cantidad de bacterias que entran en el cuerpo humano sean capaces de, saltándose la vigilancia natural del sistema inmune, multiplicarse y expandirse por el organismo. Ésta “cantidad de inóculo” varía en función de cada organismo infectante (incluso dentro de cada organismo habrá diferencias) y, para el caso de Yersinia pestis, la bacteria “agente causal” de la peste, se ha establecido para 20.000 unidades. Es decir, se necesitan 20.000 bacterias de golpe infectando el cuerpo humano para que éste desarrolle la enfermedad (esto se ha estimado gracias a los datos epidemiológicos proporcionados por uno de los primeros grupos internacionales de investigación que se hicieron cargo del último brote grave de peste producido a principios del S.XX en la India). Por lo tanto, la transmisión de la peste a humanos requiere de un mecanismo que pueda proporcionar esa entrada de tantos agentes causales de golpe. Se conocen dos vías de transmisión en humanos: I) la hematógena, a través de un vector que lleve la enfermedad desde sus reservorios naturales (roedores, ungulados, quirópteros, etc.) y, II) la aerea. Normalmente la transmisión aerea será fundamentalmente de humano a humano, por razones obvias (no digo que no se pueda dar la otra o que no pueda tener importancia en casos aislados, pero relativamente es muy superior la transmisión de humano a humano). Pero para que se una concentración tal de bacterias Yersinia pestis en un aerosol de un esputo del enfermo de peste, éste ha tenido que desarrollar lo que se conoce como peste pneumónica, es decir, la enfermedad se extiende a los pulmones y la bacteria se multiplica en el tejido. Es muy letal. Supone el 20% de casos de peste totales y, en la mayoría de los casos, el enfermo no llega a la fase de expectoración o expulsión de sangre con la tos (hemoptisis).
Primer mito: “la peste negra acaba con familias enteras, transmitiéndose por el esputo y las toses de madres a hijos, entre vecinos, entre hermanos, a los párrocos.” La peste negra fue, fundamentalmente, peste bubónica que dependía para su transmisión de transmitía una pulga. Esta peste se caracterizaba por la inflamación de los ganglios linfáticos(sobre todo inguinales y axilares, cerca de donde se producía la picadura de la pulga) y por un desarrollo más lento que la peste pneumónica. La peste pneumónica jugó un papel menor sencillamente porque rara vez los enfermos de peste pneumónica podían transmitir la enfermedad. Los familiares, vecinos y párrocos que atendían a los enfermos no contraían la peste por las toses y esputos del enfermo, si no porque las pulgas tardan menos de una hora en abandonar los ropajes de un fallecido, llegando incluso a abandonarlos antes de la muerte. La mejor prueba de que el tipo de peste dominante fue la peste bubónica es el hecho de que, en las zonas frías (península escandinava, norte de Alemania, Dinamarca e islas británicas, norte de Italia, etc.), apenas había casos de peste, mientras que en primavera, unida a la explosión poblacional de ratas y pulgas, se incrementaban los casos de peste exponencialmente.
Segundo mito: “donde había ratas, había peste. Cuantas más ratas había, más rápido se propagaba la peste”.
Para que la peste se transmita de sus reservorios naturales a los humanos, debe mediar un vector que, como hemos dicho, en la mayoría de los casos es una pulga. En concreto cobra importancia la pulga de la rata, Xenopsylla cheopis. Todos los ectoparásitos suelen ser muy específicos con sus hospedadores. De hecho, Xenopsylla cheopis, ni se le ocurriría acercarse al ser humano si no fuera por una poderosa razón: al alimentarse de la sangre de la rata, ha ido transmitiendo la enfermedad entre los roedores, que no son inmunes a ella. En condiciones normales, las poblaciones de ratas son relativamente estables: pueden sufrir muertes por peste, pero en ocasiones (un verano más caluroso de lo normal o un frío que sobrevenga muy súbitamente) las Xenopsylla cheopis se multiplican en exceso, picando a los roedores y haciéndoles enfermar. Bajan las poblaciones y la pulga se queda sin hospedador. Cuando esto ocurre, la pulga espera a ver si aparecen más hospedadores sobre los que subirse y comenzar a beber néctar rojo, pero esto no ocurre. Mientras, Yersinia pestis se multiplica en el interior de su tubo digestivo, llegando a obturarlo, y cuando la pulga, desesperada por no encontrar alimento, se abalanza sobre lo primero que encuentra cerca de una población de ratas, en este caso, humanos, pica e intenta succionar, pero tiene un tapón de bacterias obstruyéndole el tracto digestivo. La pulga acaba por vomitar el tapón dentro del orificio que había practicado para la succión de la sangre, es decir, directamente al torrente sanguíneo. Las 20.000 unidades infectivas necesarias para el desarrollo de la peste están listas.
Entonces se produce un efecto sorprendente: las zonas rurales tenían poblaciones de ratas más pequeñas y más sensibles a la peste. Éstas perecían más rápidamente y la peste saltaba más rápido a los humanos. En las ciudades la epidemia se propagaba mucho más lento. Las diversas subpoblaciones de ratas iban sucumbiendo, una tras otra, a la peste y, tras ellas, los humanos que vivían cerca. Es decir, la peste no se transmitía más rápido en zonas densamente pobladas (urbanizadas), si no en las zonas rurales.
Por tanto tirar los cadáveres producidos por la peste negra para sitiar mejor una ciudad como Caffa es una estrategia que, aunque se hubiera realizado, jamás hubiera producido, ni la victoria de los mongoles, ni la expansión de la peste negra hacia Europa occidental, fruto de la huida de los despavoridos habitantes ya enfermos o “contaminados por la peste”. Los cadáveres no conservan en las pulgas. La peste raramente se contagia por fluidos corporales. La peste difícilmente pasa de persona a persona. Los Mongoles no contagiaron la peste a los Europeos al tirar cadáveres dentro de Caffa, la contagiaron los roedores (y las pulgas que van sobre ellos) que seguramente habían entrado en la ciudad antes (o en los inicios) del sitio a la ciudad. Y de la ciudad salieron en barcos de trigo. ¡Y esto es importante! Si no fuera por las características biológicas de la pulga de la rata, jamás hubiera llegado la peste a Europa. Jamás se hubiera convertido en una pandemia porque la pulga es capaz de soportar grandes periodos de tiempo sin alimentarse de sangre, solo de materias vegetales (como el trigo) y mantener la peste en su interior o en pequeñas poblaciones de ratas dentro de los barcos. Sin este potencial, jamás se hubiera expandido como se expandió.
Tercer mito: “la peste afectó por igual, a ricos y a pobres”.
Las condiciones de higiene ya eran diferentes en el S. XIV entre ricos y pobres. Los historiadores han medido en función de si el Estado, incipiente por aquel entonces, estaba interesado en censar a dicha persona ya que poseía propiedades suficientes como para ser objeto de tributo.