Álvaro G. Molinero reviewed La ley del más débil by Sharon Moalem
Espigolar no es suficient
4 stars
Thomas Jefferson dijo que cada generación debía redactar su constitución porque cada generación tiene sus problemas. ¿Y si le dijeran que la evolución biológica sigue el mismo patrón? Si una sociedad cambia y su constitución, es decir, las reglas que la rigen, no lo hace, esa sociedad se ve abocada a un conflicto. Pues bien, si el DNA cambia porque aparece un determinado problema evolutivo que presiona y media este cambio (selección natural), y no puede hacerlo ante una nueva situación, también se producen conflictos. La solución evolutiva de una generación es el problema evolutivo de la siguiente, afirman Moalem y Prince. En este libro buscan repasar una serie de huellas que la evolución ha dejado en el ser humano en forma de problemas médicos. En otras palabras, algunas enfermedades que padecemos son resultado de un proceso evolutivo anterior.
A lo largo del libro se exploran hipótesis realmente fascinantes, y …
Thomas Jefferson dijo que cada generación debía redactar su constitución porque cada generación tiene sus problemas. ¿Y si le dijeran que la evolución biológica sigue el mismo patrón? Si una sociedad cambia y su constitución, es decir, las reglas que la rigen, no lo hace, esa sociedad se ve abocada a un conflicto. Pues bien, si el DNA cambia porque aparece un determinado problema evolutivo que presiona y media este cambio (selección natural), y no puede hacerlo ante una nueva situación, también se producen conflictos. La solución evolutiva de una generación es el problema evolutivo de la siguiente, afirman Moalem y Prince. En este libro buscan repasar una serie de huellas que la evolución ha dejado en el ser humano en forma de problemas médicos. En otras palabras, algunas enfermedades que padecemos son resultado de un proceso evolutivo anterior.
A lo largo del libro se exploran hipótesis realmente fascinantes, y con cierto apoyo experimental, sobre el origen evolutivo de algunas de las enfermedades genéticas más abundantes y de otros efectos genéticos y epigenéticos. ¿Qué ligazón evolutiva puede haber entre la hemocromatosis, una de las enfermedades genéticas más abundantes entre los Europeos, y las plagas sufridas por la humanidad? ¿Pudo ser la pigmentación de nuestra piel una adaptación defensiva contra los rayos ultravioleta que (no es que dañen tanto nuestra piel) destruye el ácido fólico tan importante para la hematopoyesis y la embriogénesis del feto y, a su vez sintetizan, a partir de colesterol, vitamina D, esencial para el correcto desarrollo y mantenimiento de nuestro esqueleto? ¿Puede el favismo, una deficiencia en una enzima encargada de la detoxificación de radicales libres en los glóbulos rojos (y otras células), haber sido causado por la malaria, y la tendencia de su agente causante más agresivo, Plasmodium falciparum, de evitar los eritrocitos más cargados de radicales libres? ¿Puede ser el espliceosoma un punto de regulación global de la síntesis proteica y, por ende, un lugar donde la selección natural pueda influir sobre el proteoma como un conjunto? ¿Existiría también ese punto para el genoma? El autor, además, pone énfasis en la difusa definición actual del concepto de gen, de la importancia de la epigenética para entender determinados cambios fenotípicos (como los cambios de pelaje estacionales en ciertos animales, por ejemplo) y en la importancia de los virus como palancas evolutivas, según las palabras de Luis Villareal.
Un libro, en apariencia de lo más interesante, pero que tienen cuatro puntos débiles demasiado débiles. El autor parece haber seguido La Ley del más Débil hasta sus últimas consecuencias. El primer punto débil parece ser la traducción (cuestión que no depende del autor). Y digo parece, porque el término evolucionario/a no existe en castellano, y se repite varias decenas de veces a lo largo del texto. El segundo punto débil son algunos errores conceptuales tan garrafales que me cuesta creer que sean del propio autor: se llega a confundir célula y molécula varias ocasiones a lo largo del texto. El tercer punto débil es la ligereza y poca profundidad con la que se tratan temas tan interesantes como los comentados anteriormente. Uno repasa la bibliografía y se da cuenta que no ha hecho un repaso exaustivo sobre los temas, y eso que el autor forma parte de varios artículos que tratan el tema. Quizá el problema es que no todo el mundo llega donde llegaron los más grandes, pero aún así hay que exigir seriedad y un mínimo de profundidad. Aún así, uno por su cuenta, puede ampliar estos temas todo lo que quiera pero, el último, y quizá el punto débil es la nula coherencia que existe entre los diferentes temas tratados. Una vez leído el libro, un lector avispado se da cuenta de que hay un hilo conductor, pero el autor no se molesta en hilar los temas tratados. De hecho, a lo largo del texto, salta alrededor de varias curiosidades (muy interesantes), dedicándoles un par de párrafos y saltando a la siguiente, como si de una abeja melífera en pleno trabajo primaveral se tratase.