Álvaro G. Molinero reviewed Acabo de llegar by Stephen Jay Gould
Acariciar los detalles
5 stars
Si hay una máxima que pueda resumir la obra divulgadora de Stephen Jay Gould, es la siguiente: “la literatura científica no técnica no tendría porque ser menos profunda conceptualmente que la técnica. Aunque, por supuesto, hay una tensión inevitable entre la no-tecnicidad y la profundidad”. Estamos ante la última colección de ensayos de este maravilloso divulgador, antes de la publicación de su obra magna, La estructura de la teoría de la evolución (2002), y su fallecimiento posterior a los pocos meses de que esta viera la luz. Como en el resto de libros, Gould trata de “acaricar los detalles” y, a través de anécdotas (como la batalla de El Álamo durante la guerra entre la secesión de Texas del Estado Mexicano o un partido de Beisbol), cuestionarse las interpretaciones canónicas de la historia y llegar a la conclusión general de que, éstas, están siempre trufadas de errores interesados.
Precisamente, en …
Si hay una máxima que pueda resumir la obra divulgadora de Stephen Jay Gould, es la siguiente: “la literatura científica no técnica no tendría porque ser menos profunda conceptualmente que la técnica. Aunque, por supuesto, hay una tensión inevitable entre la no-tecnicidad y la profundidad”. Estamos ante la última colección de ensayos de este maravilloso divulgador, antes de la publicación de su obra magna, La estructura de la teoría de la evolución (2002), y su fallecimiento posterior a los pocos meses de que esta viera la luz. Como en el resto de libros, Gould trata de “acaricar los detalles” y, a través de anécdotas (como la batalla de El Álamo durante la guerra entre la secesión de Texas del Estado Mexicano o un partido de Beisbol), cuestionarse las interpretaciones canónicas de la historia y llegar a la conclusión general de que, éstas, están siempre trufadas de errores interesados.
Precisamente, en su ensayo semibiográfico sobre la obra artística y científica de Vladimir Navokov, es donde Gould “descubre” que este excelente novelista ruso decía a sus alumnos de zoología (si, Navokov fue un excelente taxónomo de mariposas): “acariciad los detalles, los divinos detalles, en el arte elevado y en la ciencia pura”. No hay mejor forma de destrozar un relato que “acariciando los detalles”. Si algún conocido autor decide afirmar grandilocuentemente que “somos vehículos de genes” y soportar sobre ese pilar todo un análisis determinista de la biología, solamente una breve caricia al concepto de gen (los genes no son una unidad delimitada en nuestro genoma, como sí lo es una oración en un determinado texto, sino que poseen múltiples partes dispersas por el genoma y que pueden, o no, heredarse de forma conjunta y, por tanto, su definición como unidad evolutiva deja bastante que desear) basta pare destruir el relato.
Acariciar los detalles es una máxima que bien podría definir toda la obra divulgativa de Gould. De hecho, el libro comienza con un detalle (un gran detalle) sobre su propia vida y cómo éste detalle ha marcado buena parte de su vida académica. Estamos hablando de la llegada de su familia a EE.UU en el año 1901 y cómo conocer esto le ayudará a reflexionar sobre la contingencia de la historia. Su propia historia. También realizará estas reflexiones sobre otra familia ilustre, como la de los Huxley, y la influencia que tuvo su extracción social y su historia en la biología y en la literatura. También reflexiona sobre cómo la creatividad y la genialidad ferminan y florecen, incluso, bajo la férrea dictadura del oscurantismo. Por ejemplo, incluso el paradigma cristiano de la creación hacía —provocaba—, que algunas personas se preguntaran por la creación de formas y maneras ciertamente originales y que les llevaba a intuir, a razonar y a imaginar procesos de cambio de lo vivo que no comenzaban con Adan y Eva. La ortodoxia siempre genera heterodoxia. Cuando generas un dogma extricto e inmutable, el propio texto de tu dogma (en este caso la biblia) y la actitud de “acariciar los detalles” (la biblia habla de preadanitas y, para estas personas, fue su vía de escape) destruye el relato.
También se incluyen aquí cuatro ensayos biográficos sobre el marqués de Buffón, Louis Agassiz, Ernst Haeckel, Karl Ernst von Baer y Sigmund Freud, que no son más que un complemento al trabajo que ya había realizado en 1977 en Ontogenia y Filogenia.
Conocer los detalles. Ese es el trabajo de cualquier profesional en un determinado ámbito. El periodista no debería de limtarse a reproducir una determinada información de una fuente, sino fijarse en los detalles que la fuente revela, contrastarlos y, en su caso, tirar del hilo. Un futbolista no debe limitarse a correr por el campo, sino que debe prestar atención a los detalles de la táctica de su oponente y, mediante análisis junto con el equipo técnico, resolver la mejor forma de proceder. Un biólogo no debería limitarse a reproducir lo que ya ha leído en los manuales o a describir lo que la naturaleza le pone delante de cuenta-hilos o del microscopia, sino que debería prestar atención a los detalles. Por ejemplo, la biología teórica afirma que la razón de las abejas se vuelvan eusociales es que, por termino medio, comparten entre ellas el 75% de los genes (serían todas hermanas y, además, poseen un sistema de determinación del sexo que permitiría porcentajes de parentesco muy elevados) y esto explicaría el altruismo que observamos entre ellas. Pues bien, ni el parentesco real es del 75% (rara vez llega a los ⅔ y está siempre más cerca del 50% típico de la herencia mendeliana en hermanos mamíferos por ejemplo), ni la eusocialidad se da solamente en estos animales con un particular sistema de determinación sexual (también se da en mamíferos con un máximo teórico de 50% de parentesco entre hermanos). ¿Por qué?