Álvaro G. Molinero reviewed Diversidad Genética e Igualdad Humana by Theodosius Dobzhansky (Colección Labor)
¿Por qué leer un libro de 1973 en 2021?
2 stars
¿Por qué leer un libro de 1973 en 2021? Los autores y sus obras son productos históricos. Las obras escritas al calor de la revolución de octubre dejan pinceladas sobre la misma aquí y allá, ya sea en contra o a favor de la misma. Podemos reconocer posicionamientos, estilos de vida que reflejan formas de organización social como los soviets, etc. Lo mismo ocurre con los ensayos científicos. Si leemos el Apoyo mutuo de Piotr Kropotkin, nos daremos cuenta que, en realidad, no es más que el reflejo de un debate que tuvo con Thomas Henry Huxley sobre si la competencia entre especies e individuos (de una misma especie) era el único motor de la evolución. Ocurre exactamente lo mismo con este opúsculo de Dobzhansky. En la década de 1960 y 1970 occidente se encontraba en lo que Stephen Jay Gould denominó tercera hola reaccionaria: el reduccionismo metodológico y el …
¿Por qué leer un libro de 1973 en 2021? Los autores y sus obras son productos históricos. Las obras escritas al calor de la revolución de octubre dejan pinceladas sobre la misma aquí y allá, ya sea en contra o a favor de la misma. Podemos reconocer posicionamientos, estilos de vida que reflejan formas de organización social como los soviets, etc. Lo mismo ocurre con los ensayos científicos. Si leemos el Apoyo mutuo de Piotr Kropotkin, nos daremos cuenta que, en realidad, no es más que el reflejo de un debate que tuvo con Thomas Henry Huxley sobre si la competencia entre especies e individuos (de una misma especie) era el único motor de la evolución. Ocurre exactamente lo mismo con este opúsculo de Dobzhansky. En la década de 1960 y 1970 occidente se encontraba en lo que Stephen Jay Gould denominó tercera hola reaccionaria: el reduccionismo metodológico y el determinismo genético habían llevado a la antropología, a la psicología y a la biología a considerar a los pobres y a las consideradas "razas inferiores" como, precisamente, inferiores y se apoyaban en datos científicos supuestamente neutrales (como ya habían hecho en las dos anteriores olas).
Theodosius Dobzhansky escribió este opúsculo para intentar mediar entre dos posturas antagónicas: aquellos que utilizaban datos sesgados para discriminar por razones socioeconómicas, de raza o sexo y aquellos que creían que el ser humano es igual, que no existen diferencias. Haciendo esta caricaturización de ambas posturas (hombre de paja), Dobzhansky busca el "justo medio" y afirma que desigualdad no es lo mismo que diversidad. Aunque los seres humanos seamos diferentes, no somos desiguales. la diversidad es un hecho biológico y culturalmente observable pero este hecho no implicaría necesariamente desigualdad. La desigualdad es también un hecho suficientemente conocido por sociólogos y economistas. En cambio, la igualdad (política, económica, social) es una aspiración, un precepto ético de una parte de la humanidad, al servicio del cual a veces se instrumenta (o se trata de instrumentar) tales o cuales políticas. Dicho un poco más precisamente: por ejemplo, al pasar, del reconocimiento de la diversidad de prevalentes sanguíneos en los grupos humanos, a la afirmación de que hay que etnias o culturas (en sentido antropológico) «mejores» o superiores» a otras cometemos una falacia naturalista. Pues del reconocimiento (científicamente fundado) de la diversidad genética observable no se sigue (en el sentido de no se deduce lógicamente) la superioridad o inferioridad entre humanos y menos la necesidad de la persistencia de las desigualdades socioculturales. El propio autor lo expresa así:
"La diversidad es un hecho observable en la naturaleza, la igualdad y la desigualdad son nociones del lenguaje ético-político. En principio, se puede dar o no la igualdad o desigualdad entre los miembros de una sociedad o los ciudadanos de un Estado, sin tener que considerar lo similares o diferentes que sean las personas que los forman. Asimismo, la desigualdad no es algo biológicamente dado, sino, más bien, socialmente impuesto”
Sin embargo, este debate está ya asumido, al menos en una amplia mayoría de la sociedad: somos diferentes e iguales. De hecho, cada ser humano es único. El problema de esta obra es que, intentando navegar entre dos aguas, acaba dejando la puerta abierta a que existan diferencias intelectuales entre mujeres y hombres, pobres y ricos o étnias distintas. Pese a que reconoce que la diversidad entre, por ejemplo, la puntuación en los test de inteligencia entre afroamericanos y blancos es mucho menor que la diversidad dentro de los afroamericanos o blancos y que hay un solapamiento de clases sociales, deja completamente abierta la puerta a que existan diferencias genéticas entre los diferentes grupos humanos que estén detrás de estos resultados. Esto no es más que la expresión del debate que se seguía en la época que buscaba recortar en profundidad los subsidios a los pobres. La tasa de ganancia del capital venía disminuyendo desde 1960 y, con la crisis de mayo del 68 y la del petróleo de 1973, el neoliberalismo hacía acto de aparición con el documento de la trilateral en 1975. En este contexto, se imponía la lucha de trincheras y Dobzhansky no se mojaba. Hoy sabemos que esas entre clases, etnias o sexos no existen, solo las diferencias individuales. Sin embargo, en plena crisis climática y de situación de colapso civilizatorio, el tema de la redistribución de los recursos escasos está y estará muy de moda. Una cuarta ola regresiva es esperable y se impone, otra vez, la guerra de trincheras intelectual: somos iguales y no hay razón para que nadie sea privado de su derecho a una vida digna. Hay, de hecho, razones más que sobradas para luchas por cualquier medio por este derecho.