Álvaro G. Molinero reviewed Orígenes by Lewis Darnell
¿Dónde acaban las analogías?
3 stars
Podéis leer cómodamente la RESEÑA también aquí laquimeradegupta.tumblr.com/post/771396771046965248/d%C3%B3nde-acaban-las-analog%C3%ADas
Hay un adagio atribuido a Napoleón que dice que “la política es geografía”. Realmente no sabemos quien lo dijo primero, pero es una de las intuiciones más elementales de las ciencias políticas y de la geografía. La geografía influye y condiciona, en ocasiones de forma casi determinista, la realidad política. Demos un salto. A principios del siglo XX, Theodosius Dobzhansky, un biólogo y genetista que emigró en 1927 a EE.UU, gustaba de afirmar que “nada en biología tiene sentido si no es a la luz de la evolución”. Nada en las ciencias políticas tiene sentido si no es a la luz de la geografía diría un Napoleón del siglo XX. Tuvimos que esperar un poco más. A principios del siglo XXI, el también biólogo y ornitólogo, historiador y geógrafo, Jared Diamond, escribió dos obras indispensables, “Armas, gérmenes y acero” y “Colapso”. Dos …
Podéis leer cómodamente la RESEÑA también aquí laquimeradegupta.tumblr.com/post/771396771046965248/d%C3%B3nde-acaban-las-analog%C3%ADas
Hay un adagio atribuido a Napoleón que dice que “la política es geografía”. Realmente no sabemos quien lo dijo primero, pero es una de las intuiciones más elementales de las ciencias políticas y de la geografía. La geografía influye y condiciona, en ocasiones de forma casi determinista, la realidad política. Demos un salto. A principios del siglo XX, Theodosius Dobzhansky, un biólogo y genetista que emigró en 1927 a EE.UU, gustaba de afirmar que “nada en biología tiene sentido si no es a la luz de la evolución”. Nada en las ciencias políticas tiene sentido si no es a la luz de la geografía diría un Napoleón del siglo XX. Tuvimos que esperar un poco más. A principios del siglo XXI, el también biólogo y ornitólogo, historiador y geógrafo, Jared Diamond, escribió dos obras indispensables, “Armas, gérmenes y acero” y “Colapso”. Dos obras cuya tesis central es que la geografía determinó directamente las posibilidades de “inventar” la agricultura de una determinada sociedad y, por tanto, el acceso a la posibilidad de desarrollar sociedades de masas, con división del trabajo, desigualdades y ejércitos, que dominarían sobre las sociedades más igualitarias. El acceso a la política entendida como una resolución de problemas en las sociedades de masas, por tanto, también parecería determinado geográficamente.
El autor de “Orígenes: cómo la historia de la Tierra determina la historia de la humanidad”, Lewis Dartnell, da una vuelta de tuerca más en este sugerente, pero a veces epistemológicamente falaz, determinismo geográfico. La tesis principal sería, de forma sucinta, que la biología humana (su evolución) habría sido determinada, en última instancia, no ya por la geografía, sino por la causa última de la geografía: la geología. ¿Estamos ante lo que algunos críticos han denominado un “Diamond-redux”?
La hipótesis de partida: la evolución del género “Homo” habría sido catalizada por la especial configuración tectónica del Rift Valley, cuya formación produjo valles profundos con lagos que estaban rodeados por llanuras, y por los ciclos astronómicos combinados de variación orbital de Milutin Milanković, que habría producido un cambio de bioma en la región, pasándose de la pluvisilva tropical a la sabana (con amplia inestabilidad climática). Esto, para Dartnell, sería el origen de la presión selectiva última (que es aquella que causa las presiones selectivas próximas, por ejemplo, la escasa disponibilidad alimenticia que presionaría por una cooperación en la obtención de alimentos).
Esto incluye un análisis geológico y climático que abarca, desde el inicio de la última edad de hielo hace 55 millones de años, hasta la actualidad (recordemos que todavía estamos estrictamente en una edad de hielo: su existencia la marca la existencia de hielo en los polos terrestres). Habría sido la mayor, o menor extensión del hielo, la principal guía y presión para la migración del género “Homo” (primero “Homo erectus” y, posteriormente, “Homos sapiens”) alrededor del mundo. También incluye el análisis biogeográfico del supercontinente Eurasia y del resto de continentes y la explicación de su mayor diversidad, tanto en plantas domesticables, como en animales. Este es un tema ya discutido por Diamond en sus libros y, en el caso de Dartnell, pocas aportaciones hace. De hecho, se puede considerar su “versión de la historia” mucho más “relajada” en términos bibliográficos y mucho menos elaborada en términos narrativos.
Tras este estudio de la influencia de la geografía en la historia evolutiva de la humanidad, Dartnell da el salto de la “prehistoria a la historia”. Pasa a explicar cómo las rutas comerciales han sido influidas por la geografía: las Talasocracias se formaban en “ensenadas naturales” donde las diferentes poblaciones podían conectarse por mar de forma mucho más eficiente que por tierra (Grecia y la Liga Hanseatica); El trazado de la Ruta de la seda venía completamente determinado por la presencia de “oasis” húmedos en medio de la zona más árida del planeta, que va desde el desierto del Gobi, pasando por Irán y buena parte del Levante. Estos oasis, a su vez, vienen favorecidos por la presencia de fallas transformantes; Otro ejemplo es cómo se produjo el progreso en la navegación marítima y su obvio condicionamiento completo a las corrientes de viento y oceánicas.
La última parte del libro tiene un poco más de Vaclav Smil o de Antonio Turiel. Aquí Dartnell hace un rápido recorrido sobre cómo cómo pasamos de la fuerza muscular a la eólica y la hidráulica y luego a los combustibles fósiles, llevando al lector a través de la era del carbón, la máquina de vapor y luego el petróleo. También aquí se interesa específicamente por cómo se formaron estos recursos y por qué se encuentran donde se encuentran. Hace lo propio con muchos de los recursos que son necesarios para las energías renovables. Sin embargo, no se prodiga demasiado en detalles.
En absoluto hay que comprender lo narrado en este libro por Lewis Dartnell como un reduccionismo simplificador, pese a que la redacción del libro así se presente a interpretar. Incluso las obras que hemos nombrado también se suelen interpretar en este sentido. No, la única razón de que estemos aquí tal y como somos no es la geología o la geografía. Ni si quiera el clima, o las presiones evolutivas que nos han hecho cooperativos. Es todo a la vez. Todo interaccionando. Las analogías que se utilizan para la popularización del conocimiento, sin embargo, no son inocentes. El compromiso entre simplificación pedagógica y desinformación es, en no pocas ocasiones, muy inestable. Y en ocasiones se ve influenciado por intereses ideológicos de la editorial o de la autoría. Bien aprovechado, este texto es sugerente. Interpretado literalmente puede llevarte a ser una persona más de las que pontifica en la barra de un bar