Rodrigo reviewed The Western Wind by Samantha Harvey (duplicate)
Bien trágica la condición humana
5 stars
Lavinia, co-protagonista en una obra de Bernard Shaw, declara: tratándose de una persona genuindamente religiosa no importan las diferencias, nos hincamos a rezar juntos como niños. Ella hubiera rezado junto con el protagonista desta novela.
Quién sabe cuánto se va apartando de sus preceptos religiosos. Pero con fé, que implica dudas e incertidumbre, va transitando la recta vía, tratando de construir el Reino.
Imagino que debe ser un alivio tener alguien entrenado y concentrado en su vínculo con nuestro padre celestial, a quién llamar también padre y que paternalmente abrace y cuide. También creo que infantiliza al personal, y nunca lo he sentido. Pero leyéndolo aquí siento que preferiría el acompañamiento, en una comunidad como esa, en ese tiempo.
Es un tiempo oscuro en un pueblito apartado. La iglesia no tiene vitrales, todavía hay que quemar mucho bosque para hacer vidrio. Hace frío y el agua, en otros escenarios tan …
Lavinia, co-protagonista en una obra de Bernard Shaw, declara: tratándose de una persona genuindamente religiosa no importan las diferencias, nos hincamos a rezar juntos como niños. Ella hubiera rezado junto con el protagonista desta novela.
Quién sabe cuánto se va apartando de sus preceptos religiosos. Pero con fé, que implica dudas e incertidumbre, va transitando la recta vía, tratando de construir el Reino.
Imagino que debe ser un alivio tener alguien entrenado y concentrado en su vínculo con nuestro padre celestial, a quién llamar también padre y que paternalmente abrace y cuide. También creo que infantiliza al personal, y nunca lo he sentido. Pero leyéndolo aquí siento que preferiría el acompañamiento, en una comunidad como esa, en ese tiempo.
Es un tiempo oscuro en un pueblito apartado. La iglesia no tiene vitrales, todavía hay que quemar mucho bosque para hacer vidrio. Hace frío y el agua, en otros escenarios tan bendita, acá es el principal agente de la disolución.
Cada quién ha de cultivar su relación con la deidad, pero está escrito que el proceso bien puede ayudarse. Claro, cuando se trata del patriarca del pueblo la relación es más horizontal, el pobre sentirá menos alivio.
Me conmueven esos gestos, cómo están descritos. La mano sobre el hombro, la mano que sostiene a otra mano, el llanto a solas, el llanto acompañado.
Me conmueve cuán seriamente va cuidando a su comunidad, cómo se va poniendo aplicadamente en el lugar del otro pues es necesario entenderlo. No basta examinar los hechos, hay que ver las intenciones. Ostensiblemente cuidándolos del Juicio Final, pero también directamente tratando de mediar con la psique, con la conciencia. Encima hay que cuidarse de los elementos, de los microbios, de las acechanzas de los malvados.
¡Y perdonar es súper serio! Ay, es que hay tantos símbolos tan gastados. No hay cruz que cargar, dicen, Cristo no carga nada. Nah, el pecado es un disparate, no hay una Ley, no hay dimensión vertical. Pero luego míranos, sufriendo dolorosamente el daño que nos hemos autoinflingido. Por haber rechazado estos sacramentos: sin perdón, ni poquito, ni simbólico. Entendí mejor por qué Stephen Daedalus pondera con admiración el poder de la absolución, investido a sacerdotes.
Por el tono candoroso y monacal, por ser ligeramente policial, este libro va bien con El Nombre de la Rosa.
Escribe bien bonito, Ms Harvey. Creo que leeré todos sus libros. ¡Cinco estrellas!