Cuatro formas de ver la historia humana
2 stars
Esta reseña está basada, a su vez, en una reseña de GABRIEL JACKSON (13-12-1985, El País).
En la historia existe la necesidad de buscar un marco conceptual más amplio en el que encajar datos, no sólo en sentido cronológico y geográfico, sino también filosófico. José Ferrater Mora estudia cuatro grandes pensadores de Occidente; para todos ellos, la historia constituye un "itinerario insoslayable" que acontece según leyes que no sólo revelan la fuerza motora de los acontecimientos, sino también su "justificación":
Para San Agustín, la historia era un drama concebido en la mente de Dios y hecho realidad por todos los seres humanos como actores con papeles asignados. La historia era irreversible e irrepetible, y se dividía, de manera decisiva, en dos épocas, antes y después de la aparición de Cristo. Se dividía también entre los acontecimientos de la ciudad terrena, las luchas por dominar el mundo material, y los acontecimientos …
Esta reseña está basada, a su vez, en una reseña de GABRIEL JACKSON (13-12-1985, El País).
En la historia existe la necesidad de buscar un marco conceptual más amplio en el que encajar datos, no sólo en sentido cronológico y geográfico, sino también filosófico. José Ferrater Mora estudia cuatro grandes pensadores de Occidente; para todos ellos, la historia constituye un "itinerario insoslayable" que acontece según leyes que no sólo revelan la fuerza motora de los acontecimientos, sino también su "justificación":
Para San Agustín, la historia era un drama concebido en la mente de Dios y hecho realidad por todos los seres humanos como actores con papeles asignados. La historia era irreversible e irrepetible, y se dividía, de manera decisiva, en dos épocas, antes y después de la aparición de Cristo. Se dividía también entre los acontecimientos de la ciudad terrena, las luchas por dominar el mundo material, y los acontecimientos espirituales de la ciudad divina, la Iglesia cristiana. Los seres humanos eran responsables, gracias a su libre albedrío, de los males que cometían. Las personas son tan radicalmente malvadas que ninguna merece realmente salvarse, pero Dios, inexplicablemente desde un punto de vista humano, ha decidido salvar a una cierta minoría predestinada. Para San Agustín, la historia de la ciudad terrena era claramente una historia de desastres absolutos.
Para Giambattista Vico, filósofo y jurista italiano de principios del siglo XVIII, la historia no estaba tan determinada y era menos desastrosa. Todas las sociedades podían pasar por tres fases no predeterminadas en secuencia ni composición. I) Fase divina: con el miedo, las personas obedecían a los sacerdotes cuyo cometido era descifrar la voluntad de Dios, es decir, la ley: "no el cumplimiento de la justicia ni la aplicación de la fuerza, sino la transmisión del mensaje". II) Fase heroica: llena de luchas de clases y guerras exteriores, con gobiernos de dictadores, aristocracias militares y monarcas absolutos. En esta fase la ley no era un mensaje de Dios, sino sencillamente la prerrogativa de los poderosos: el poder siempre actúa bien. III) Fase humana: los hombres eran gobernados por repúblicas o monarquías moderadas. La ley se basaba ahora en la razón y la equidad, e incluso los grupos más poderosos estaban limitados. Sin embargo, la maldad inherente a los hombres era tal que trataban de socavar la república o la monarquía benéficas, y devolver la sociedad a la fase primitiva divina y a un nuevo desarrollo cíclico.
Voltaire, el filósofo francés del siglo XVIII, no le preocupaba el curso entero de la historia humana. Su análisis se centra en el mundo grecorromano y en sus descendientes europeos medievales o de principios de la Edad Moderna. Le impresionaba la presencia abrumadora de guerras, hambre, crueldad, estupidez, ignorancia y fanatismo, bajo la forma de una religión dogmática. Buscando ejemplos de circunstancias políticas y sociales menos funestas, eligió las breves glorias de la Atenas de Pericles, la Roma de Augusto, la Italia del Renacimiento y el despotismo ilustrado de su época. En estos cuatro períodos, los gobernantes, a pesar de ser absolutistas y arbitrarios, habían utilizado su poder para proteger las artes y las ciencias, y habían permitido una gran libertad intelectual. Estas virtudes no habían dado lugar a una sociedad verdaderamente justa, pero constituían las precondiciones necesarias.
Friedrich Hegel, filósofo alemán de principios del siglo XIX, nunca creyó que ningún elemento sobrenatural gobernara los fenómenos empíricos de la historia. La historia no era la voluntad de Dios ni acontecía simplemente según leyes humanas y materiales, aunque los conceptos religiosos y los fenómenos materiales entraban en el proceso de la historia. La historia era el proceso evolutivo por el cual, a través de las épocas, una idea absoluta se hacía realidad mediante una serie de conflictos dialécticos. La historia era el "autodesenvolvimiento de la idea". Hegel consideraba a la monarquía prusiana como la manifestación más desarrollada hasta entonces de la Idea o del Espíritu del Mundo. Todos los sociólogos contemporáneos están en deuda con Hegel por su análisis multinivel del proceso, el desarrollo, la transformación del conflicto.